Sa Penya

Cuando el turista llega por primera vez a Ibiza por mar, la visión dura y severa de la piedra – la caliza desnuda de la Ciudadela de Dalt Vila y Es Soto – tiene su contrapunto en la pincelada blanca del barrio de Sa Penya, un conjunto que, formando un racimo blanco a las faldas del casco antiguo, se asoma a las faldas del puerto.

Desde la Península Ibérica al Mar Egeo y de las islas griegas, en el Mar Mediterráneo quedan todavía algunos pocos lugares que guarden un encanto similar a éste. En sus inicios, el barrio de Sa Penya era el lugar donde vivían pescadores, marineros, maestros de ribera y calafates. Las casas que miran al sur pueden ver las cúpulas del Convento de Santo Domingo y las impresionantes murallas de Dalt Vila, Patrimonio de la Humanidad a la vez que al horizonte solo interrumpido por el rosario de islas que separan Ibiza de Formentera. Justo debajo, el barrio dispone de una playa: la playa de Baix de Sa Penya.

barrio de Sa Penya en Ibiza
El barrio de Sa Penya, desde el Baluard de Santa Llúçia, ofrece una auténtica imagen de postal.

El aspecto de Sa Penya apenas ha cambiado con el paso de los años. La mayoría de casas eran viviendas unifamiliares de origen humilde de una sola planta y pequeños ventanucos. Las calles, empedradas y estrechas, serpentean y recorren el laberíntico barrio, pudiendo ser toda una experiencia dejarse perder por Sa Penya.

A partir de 1950, el barrio recibió la atención de arquitectos de renombre, como José Luís Sert y Erwin Broner, y definieron Sa Penya como «arquitectura sin arquitectos» y «la belleza que no se sabe bella». Precisamente, éste último arquitecto compró una casa en la zona, convertida hoy en la Casa Museo Broner, de visita muy recomendable.

Un barrio degradado

La llegada del turismo masivo conllevó la rápida desaparición de los oficios tradicionales. Los viejos llaüts, barcos de pesca tradicionales, dejaron de salir a pescar y los marineros poco a poco abandonaron sus faenas, mientras nuevos hoteles se levantaban por toda la costa ibicenca.

Las casas de Sa Penya se fueron vaciando quedando únicamente las personas con menos recursos. La inmigración menos favorecida que llegó a Ibiza buscando las nuevas posibilidades que el turismo ofrecía fue ocupando las casas vacías. Actualmente, el barrio más original y auténtico de Ibiza se está degradando por culpa de la suciedad, alto de nivel de criminalidad, drogas y la incapacidad de las autoridades de hacer frente a los problemas de Sa Penya. Esperamos que poco a poco el barrio puede ir recuperando su encanto original y todos, ibicencos y visitantes, puedan disfrutar de una de las zonas más emblemáticas de Ibiza.