Las matanzas del cerdo, o matances, es una arraigada tradición que se celebra en Ibiza desde hace siglos, y tenía como objetivo principal la obtención de alimento para la familia durante todo el año. Esta gran fiesta reunía a vecinos y familiares, algo que era poco frecuente, para compartir las tareas y el trabajo propios de estas jornadas pero también para compartir comida, bebida, canciones, rondalles, bailes, juego y chistes.
Una vez que el cerdo tenía el peso adecuado, unas 20 arroves (200 Kg), se hacían los preparativos para el día de fiesta más celebrado del año en la familia rural ibicenca. De un animal de esta envergadura se podían obtener unos 72 Kg. de sobrasada, 24 Kg. de butifarra, 32 Kg. de tocino y 22 Kg. de huesos y otros.

La fiesta comenzaba a la salida del sol con el desayuno a base del porrón de vi pagès, era habitualmente que cada casa de Ibiza hiciese su propio vino, y buñuelos, que se habían hecho el día anterior para recibir a los primeros invitados.Se empezaba a trabajar y a media mañana se reponían fuerzas con pan y embutido, gerret frit o pescado en escabeche. En ocasiones, se preparaba una comida de frita de polp o calamar, lomo de cerdo y setas y, por si alguien podía seguir comiendo se preparaba un suculento arroz de matances y una frita de porc para cenar.

Se podían realizar hasta dos matanzas de cerdo al año, en función de la casa. Habitualmente, se realizaba una matança entre la fiesta de Todos los Santos y Santa Catalina (25 de noviembre) y la segunda entre los meses de febrero y marzo.