Piratas de Ibiza

La isla de Ibiza, situada en un punto estratégico del Mar Mediterráneo, fue uno de los puntos más atacados y vulnerables al acoso de los piratas. Desprotegida por sus maravillosas costas, suaves y con muchas pequeñas bahías que hacían fácil un desembarco, Ibiza se las tuvo que ingeniar para prevenir y protegerse de estos ataques.

El terror que ocasionaban los piratas aún se puede constatar fácilmente a día de hoy, gracias a la presencia alrededor de la isla de un sistema de diversas torres de vigilancia. Día y noche se oteaba la posible presencia de barcos piratas, avisando de una torre a otra con altas columnas de fuego de ramas secas durante la noche y con columnas de humo con ramas verdes durante el día.

Piratas de Ibiza

Así, la población dispersa de la isla debía trasladarse hacia la parroquia más cercana a refugiarse al ser avisada. Las iglesias de la Ibiza tienen todas a día de hoy más el aspecto de auténticas fortalezas que de templos religiosos. De aspecto sobrio con pocas ornamentaciones y ventanas pequeñas, las iglesias-fortaleza ibicencas dieron cobijo a muchos isleños durante los ataques piratas.

No pocos hombres y mujeres de Ibiza fueron apresados por piratas y llevados a costas africanas y otros lugares donde habrían de ejercer como esclavos. De esto dan buena cuenta diferentes historias y canciones que han llegado a nuestros oídos gracias a la rica cultura oral que ha existido en Ibiza y en la que las historias de piratas tienen protagonismo.

La piratería también fue culpable de que, hasta hace relativamente poco, no se pudo establecer una población permanente en la isla de Formentera. La pitiusa menor, mucho más cercana a las costas africanas, fue constantemente atacada y usada como refugio por multitud de piratas, por lo que Formentera fue durante muchos años un lugar peligroso para los ibicencos.

Esta situación se fue revirtiendo poco a poco hasta que los ibicencos tomaron una decisión motivada por su supervivencia. Muchos ibicencos, que habían pasado la mitad de sus vidas en el mar, empezaron a practicar la piratería como manera de defensa en un principio y como forma de vida después. Durante los siglos XVIII y XIX fueron numerosos los barcos piratas ibicencos, en posesión de las patentes de corso. Estos eran los títulos expedidos por el gobierno español que convertían la piratería en legal, por lo que los corsarios se veían respaldados mientras que el país se veía beneficiado por una protección de sus costas de forma gratuita, además de percibir una parte del botín.

Marí Riquer y el monumento a los corsarios

Es por esta época que los piratas ibicencos se empezaron a forjar su fama y su leyenda, y fueron muy respetados por los habitantes de la isla ya que su inestimable colaboración contribuyó a normalizar la vida en el interior de la isla, atemorizada en otro tiempo por ataques piratas.

Monumento a los corsarios en Ibiza

Una de las actuaciones de los piratas ibicencos más recordadas fue el apresamiento del temible navío pirata inglés Felicity, capitaneado por el italiano «El Papa«. Avistado frente a las costas de la ciudad de Ibiza a primera hora de la mañana, un grupo de valientes marineros ibicencos tripulados por Antoni Marí Riquer se dirigió a su encuentro frente las murallas de Ibiza.