Lo mejor de la isla de Ibiza es la capacidad, y la facilidad, que tiene para sorprender con muchos de sus paisajes y rincones. Si escuchas «Ibiza» y sólo te viene a la cabeza su fama nocturna, no puedes estar más equivocado. Y si piensas que la isla es únicamente un lugar para veranear, vuelves a equivocarte, ya que se puede disfrutar de Ibiza durante todo el año.
Para demostrarlo, hoy quiero que me acompañes por un recorrido por la zona oriental de la isla. Aquí, se esconden multitud de playas desde donde puedes ver el amanecer, pueblos con mucho encanto donde no parece pasar el tiempo y aún se conserva buena parte de la esencia hippie de los años 60.
¿Nos vamos a la playa?
La costa este de la isla de Ibiza es una de mis zonas favoritas para ir a la playa ¿Los motivos? Una costa escarpada que da lugar a pequeñas calas, sin masificaciones, de fácil acceso y muchas sorpresas que descubrir. Tanto si conoces bien la isla como si nunca has estado antes en Ibiza, te proponemos algunas playas poco conocidas y absolutamente encantadoras.
Aïgües Blanques

Una de las playas más míticas de Ibiza, de la que gusta incluso su poético nombre: Aguas Blancas. Se trata de una playa estrecha y larga, de arena dorada. Está situada justo debajo de un acantilado que le da un aspecto salvaje que atrae a todo tipo de bañistas: desde familias a nudistas y hippies. ¿Quieres un consejo? Si caminas hacia la zona izquierda de la playa, encontrarás un rincón solitario perfecto para descansar.
Cala Nova

Una cala muy tranquila de arena blanca y agua cristalina. Hay que destacar que su situación, expuesta a los vientos de poniente la hacen la preferida por los surferos por sus olas. Sin embargo, cuando Cala Nova no se ve afectada por los vientos, ofrece su mejor cara para pasar un día perfecto de playa.
Cala Olivera

Es uno de mis últimos descubrimientos y la considero perfecta. Situada muy cerca de la ciudad de Ibiza, es una cala pequeña muy recogida, protegida de los vientos. Tiene un entorno natural de bosques de pinos y un ambiente muy tranquilo, con un pequeño kiosko donde podemos comer o comprar algún helado. Unas escaleras talladas en la roca, en la parte derecha de la playa, nos conducen a un bonito balcón con vistas al horizonte. Es muy recomendable venir equipado con unas gafas de bucear para disfrutar del fondo marino rocoso.
Un pueblo donde no falta nada
Quizás creas que este título es un poco presuntuoso, pero no se me ocurren muchos lugares que ofrezcan tantos alicientes como Santa Eulalia: un pueblo que tiene mar, una tranquila playa, la montaña a sus espaldas, patrimonio cultural, un río y el encanto de un pueblo mediterráneo.
Se trata del núcleo urbano más importante del municipio de Santa Eulalia del Río. Incluso antes de llegar al pueblo, podemos ver sus dos rasgos más característicos. El primero es el conocido Puig de Missa, una pequeña montaña o puig cuyo sombrero es una iglesia blanca que conserva la estructura típica ibicenca. La iglesia realizaba sus funciones como templo de culto y, a la vez, como refugio antes las constantes incursiones de piratas que asolaron la isla de Ibiza. La iglesia posee unos muros robustos que ayudaban a proteger a los habitantes del pueblo de posibles asedios, mientras que la situación del templo era idónea para tener una excelente panorámica de todo el pueblo y el mar.
Otro de los puntos que destacan del pueblo es su río. Los ibicencos solemos afirmar con certeza – y algo de humor – que es el río más caudaloso, más largo y más bonito de todas las Islas Baleares… ya que es el único. Se trata de un motivo de orgullo para los habitantes del pueblo, que se acrecienta cuando paseamos por el bonito paseo hasta el Pont Vell, lugar de mitos y donde, cuenta la leyenda, podemos capturar un ser fantástico de la mitología ibicenca, el fameliar.
¿Buscas lugares tranquilos?
En el Municipio de Santa Eulalia se encuentran dos de los pueblos con más encanto de Ibiza.
El primero de estos pueblos es Santa Gertrudis, situado justo en el centro de la isla. Quizás sea por eso que sea un punto de encuentro para ibicencos y visitantes. Santa Gertrudis se encuentra en una zona llana y fundamentalmente agrícola de Ibiza, situada entre diferentes campos de cultivo y, como el resto de pueblos ibicencos, se extiende alrededor de su iglesia blanca. Una bonita plaza peatonal da paso a numerosos bares, restaurantes y terrazas perfectas para disfrutar del sol de invierno o de las noches de verano. ¿Y si llueve? No hay problema, se puede comer al calor de una buena chimenea.

De Santa Gertrudis recomiendo los dos bares más clásicos y con más solera del pueblo. El primero es el Restaurante Santa Gertrudis, aunque es conocido popularmente como ‘Los Montaditos’. Imagino que ya debes imaginar cuál es su especialidad: pan payés tostado con tortilla, jamón serrano, queso, lomo…
El segundo lugar es un clásico al que acuden todas las visitas que recibo en Ibiza: El Bar Costa, conocido popularmente como «El de los bocatas». Se trata de un bar muy grande, tanto en dimensiones (tiene entrada por dos calles diferentes) como en calidad. Lo único que puede parecer corta es su carta, ya que únicamente sirven bocadillos de una buena variedad de embutidos. Eso sí, su especialización ha provocado que la calidad de todo lo que se puede comer sea excelente. ¿Recomendaciones? El bocadillo de jamón serrano con queso (fundido o sin fundir, es tu elección) o mi último descubrimiento, el salchichón de ciervo. Mención aparte para las paredes del Bar Costa, un auténtico museo de lienzos de lo más curioso. Como anécdota, hay que destacar que los primeros cuadros fueron intercambiados por un artista hippie con el propietario del bar a cambio de consumiciones.

Aunque si hablamos de ambiente hippie hay que hablar de San Carlos, al norte de Santa Eulalia. Este pequeño pueblo conserva todo el encanto que en la década de los 60 cautivó a numerosos hippies que descubrían Ibiza. Al lado de su iglesia blanca, situada en el centro del pueblo, encontramos diversos bares, entre los que destacamos el Bar Anita. Si es posible, intenta sentarte en la mesas situadas fuera, a pie de calle, y disfruta de la tranquilidad de San Carlos. Como curiosidad, dentro del bar encontrarás un buen número de buzones, ya que desde hace décadas este bar ofrece este servicio a muchos vecinos de la zona, donde la población está diseminada y no hay una buena cobertura de servicios postales. No puedo dejar de aconsejar que tras la comida pidas una copa de hierbas ibicencas con hielo, la bebida tradicional de la isla.
Si buscas alojarte en un sitio especial, tienes que saber que entre Santa Gertrudis y San Carlos hay muchas opciones de hoteles rurales perfectas para descansar y seguir disfrutando del encanto de la Ibiza rural.
Siguiendo la estela de los hippies
Como hemos comentado, San Carlos fue la cuna de los hippies en Ibiza y a unos centenares de metros de este pueblo, encontramos el famoso mercadillo de Las Dalias. Ubicado junto a la carretera en plena naturaleza, con algarrobos y bosques de pinos alrededor, podemos ver, pasear y comprar entre los diferentes puestos. Los años han ido pasando, pero aún encontramos a muchos de los hippies que iniciaron el mercadillo hace décadas, o a los hijos de éstos.

La mayoría de artículos que podemos encontrar en Las Dalias conectan con el espíritu de Ibiza: bisutería, vestidos ibicencos, artículos artesanales, libros, esculturas y terrazas donde tomar algo, por supuesto. La música también es una parte importante de este mercadillo, y es habitual que algunos grupos toquen en directo al caer la tarde. La isla de Ibiza tiene una gran cantidad de mercadillos, pero Las Dalias ha sabido conservar el espíritu de sus inicios manteniendo la calidad. El único punto negativo de este mercadillo ha sido su propio éxito, lo cual en algunos puestos ha influido en los precios.

Aunque es poco conocido, el Rastro de Cala Llenya ofrece la oportunidad de ver una nueva visión de los hippies, en la que tu mismo puedes ser el protagonista. Se trata de un mercadillo en el que ibicencos y residentes pueden vender prácticamente cualquier cosa: libros, joyas, pequeñas obras de arte, elementos decorativo, ropa, joyas… Y prácticamente todo de segunda mano. Personalmente, me encanta pasear por este mercadillo, fisgonear entre los puestos abriendo bien los ojos para descubrir todos los artículos a la venta, ya que siempre te puedes encontrar alguna sorpresa ¡Y con suerte, te puedes llevar alguna ganga! Los vendedores suelen ser diferentes, por lo que el aspecto del Rastro de Cala Llenya siempre es diferente.
Estas son algunos de mis consejos sobre los lugares imprescindibles de Santa Eulalia, pero me quedan muchos rincones en el tintero (El mercadillo de Es Canar, rutas en bicicleta, la tranquila Cala Martina…). ¡Disfruta de la isla!